Cuentan que el origen de este platillo deslumbrante no es muy lejano. Allá en la época en que se construía y empezaba a usar la vía del ferrocarril del centro, las mujeres de Huancayo, comerciantes hábiles y oportunas, empezaron a ofrecer viandas para los hambrientos obreros o peregrinos. Entre sus ofrecimientos destacó siempre la papita a la que adicionaban una mezcla de rocoto y queso molidos en morteros.»La papa de la Huancaína» decían los que probaban y se rendían ante la mezcla. Hoy le decimos Papa a la Huancaína, por que es sin duda de la tierra incontrastable, que nos dio uno de las entradas más exitosas entre los peruanos, más extrañadas entre los lejanos, mas deliciosos entre nuestras viandas. Esta vez le traemos dos recetas paralelas: la de la auténtica papa de la huancaína, la que nació en el centro peruano en la época del ferrocarril y la convencional, la que ha cambiado con el tiempo y los aportes de otros también curiosos peruanos de otras zonas.
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